
La movilidad en las áreas urbanas
europeas sigue pautas poco sostenibles en los tres ámbitos de la sostenibilidad: económico, social
y ambiental. En otras palabras, los costes del transporte son cada vez mayores, crece la exclusión
social y territorial, y se agravan los impactos ambientales. Ya la Unión Internacional del
Transporte Público (UITP) advierte de que el fuerte crecimiento del tráfico automovilístico
compromete el desarrollo económico y empeora las condiciones de vida de los ciudadanos. Por ello,
la Comisión Europea, en el Libro Blanco “La política europea de transportes de cara al 2010: la
hora de la verdad” plantea la necesidad de adoptar medidas eficaces de manera decidida y urgente.
Según datos de la encuesta MOVILIA, los motivos de trabajo y estudio (lo que se conoce como
movilidad obligada) en los viajes urbanos en todo el país, alcanzan el 54% del total de
desplazamientos en día laborable, siendo el 40% por motivo de trabajo.
El hecho de que el motivo de trabajo sea el que genera más desplazamientos da una idea de la
importancia de este tipo de viajes en la movilidad de una ciudad. Además influye también en el modo
utilizado: el 68,3% de los desplazamientos al trabajo se realizan en automóvil, mientras que para
el resto de motivos sólo se utiliza en un 48,2%. Por otro lado, la tasa de ocupación media por
automóvil está en torno a 1,2 personas, y la mayor parte de los viajes cubren una distancia menor
de 3 km.
La encuesta MOVILIA 2000 indica que el tiempo medio dedicado a los desplazamientos por motivo
de trabajo es entre 15 y 45 minutos en el 60% de los casos, y sólo el 28% realiza el viaje en menos
de 15 minutos.
Por otra parte, el crecimiento desequilibrado del transporte por carretera está
comprometiendo el cumplimiento del Acuerdo de Kioto en nuestro país. El transporte ha incrementado
sus emisiones en el período 1990-2003 en un 70,5%, mientras que la media de todos los sectores ha
crecido un 41,7%. Téngase en cuenta que el compromiso de España en el Protocolo de Kioto supone que
las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) no deben superar en más de un 15% a las que
había en 1990.
En cuanto a la movilidad de las áreas o entornos metropolitanos, según el Observatorio de
Movilidad Metropolitana 2002, el consumo energético medio y las emisiones de CO2 por viajeros en
distancias menores de 10 km son entre 2 y 3 veces superiores en automóvil que en autobús y metro.
Esta constatación ofrece un programa que podría calificarse de preocupante si se tiene en
cuenta que, en el reparto modal de la movilidad urbana española, el automóvil es el modo dominante
y su uso crece en la mayoría de las ciudades. No es de extrañar, pues que en el Libro Blanco del
Transporte de la CE incluya dentro de sus objetivos el reequilibrio del transporte, mediante la
adopción de medidas en materia de transporte urbano en las grandes aglomeraciones, que permitan
conciliar la modernización del servicio público y la racionalización en el uso del coche
particular.
Por último, el aumento de la movilidad y, sobre todo, el desequilibrio modal a favor del
vehículo particular, están provocando que la capacidad de las carreteras de acceso a las ciudades
se vea desbordada en muchas ocasiones. Sólo en el municipio de Madrid, en el año 1998 los costes de
la congestión ascendieron a más de 1.200 millones de euros. A su vez, el Libro Blanco del
Transporte de la CE estima que los costes externos de la congestión debidos tan sólo al tráfico
vial representan, aproximadamente, el 0,5% del PIB comunitario y, para el 2010, alcanzarán la cifra
de 80.000 millones de euros al año, es decir, un 1,5% del PIB.
Los primeros pasos en este ámbito se están dando con la Delegación Municipal de Polígonos
Industriales, de cara a preparar líneas de trabajo con empresas ubicadas en los 34 polígonos de la
ciudad.